N & N: una boda diferente

Hace unos meses, tuvimos el placer de cubrir la boda de dos personas que, en cuanto las ves, sabes que son especiales. Recorrimos los 73 km que separan Madrid de la Finca los Lavaderos de Rojas, nerviosos, expectantes y ansiosos por descubrir qué nos deparaba ese enlace.

Natalia y Nano nos enamoraron y, el reportaje de foto y vídeo que realizamos, lo demuestra claramente. Por ese motivo, vimos necesario incluir su historia en el blog. Hoy ponemos voz a Natalia, la novia, quien hace unas semanas nos escribió para contarnos cómo vivió su boda y cuáles fueron todos los proveedores que participaron en ella. ¡Esperamos que os guste!

Nano y yo nos conocimos gracias a un amigo común. Yo vine a Madrid con 18 años para estudiar y el último año de carrera me fui a Italia de erasmus, donde conocí a Berto, amigo de Nano de Santiago de Compostela (ambos gallegos).

Años después, cuando Nano ya estaba trabajando en Madrid, los dos fuimos invitados por él a una fiesta en el icónico barrio de Malasaña. Tal y como dice la canción que bailamos y con la que abrimos la barra libre (compuesta por Canciona) “una noche de febrero, 6 años atrás, apareciste tú, Nano, en el Malabar”. Después de esa noche, no volvimos a separarnos y Berto fue, como no podía ser de otra forma, uno de los maestros de ceremonia.

En nuestro quinto aniversario, decidí preparar una sorpresa. Sin que Nano supiese nada, nos fuimos a Toledo (que también fue el destino de nuestra primera escapada juntos) y recorrimos sus calles, al mismo tiempo, que mediante un juego de fotos y preguntas, hacíamos un recorrido por nuestra historia.

Este recorrido acababa en la habitación del cigarral donde nos estaba esperando el prendido que le regalé y una invitación a su propia boda. Desde entonces, hemos pasado un año y medio pensando, soñando, ideando lo que sería uno de los días más mágicos de nuestra vida. Siendo así, el destino de la boda estaba claro: Toledo.

Tras decidir la ciudad, visitamos algunos cigarrales, hasta que nos tropezamos con la Finca Los Lavaderos de Rojas que nos ofrecía la versatilidad y libertad que necesitábamos. Un lugar con mucho encanto en el que tenía cabida el tipo de boda que queríamos celebrar.

Nos enamoramos de la fachada de un antiguo invernadero que conservan al final de un enorme pasillo con tinajas de barro a ambos lados, donde poder celebrar la ceremonia y de un granero con viga vista para la comida.

A pesar de que la lluvia no quiso faltar a la cita, como buena boda semi-gallega, la ceremonia superó nuestras expectativas.

Tanto allí como en el granero la decoración floral de MAUA estudio floral fue espectacular, María y Alfred captaron justo nuestra esencia. Un ramo grande, desordenado, salvaje,…donde predominaban los verdes del eucalipto, entre otros y unos centros muy orgánicos que combinaban flores frescas con las hortensias secas que trajimos de la tierra de Nano y los plumeros de río manchegos. Ellos también fueron los encargados de preparar los prendidos, así como la cestita y diadema de la capota de rafia de la niña.

El prendido del novio precioso, con eucalipto y escabiosa, como mi ramo, al que incorporamos el primer pendiente que Nano me regaló. Queríamos una boda muy personal, muy personalizada. Queríamos huir de estereotipos o imposiciones asociadas al mundo nupcial y lo conseguimos.

La entrada al lugar de la ceremonia era muy especial para nosotros. Ese primer momento en el que eres consciente de que ya ha llegado el día. Y quisimos hacerlo de la mano de nuestros padres, los dos.

Nano entró con la canción de “Mi primer día” de Aslándticos con su madre en el brazo izquierdo y su padre en el derecho. Yo recorrí todo el largo pasillo de arena igual, con mis padres, con los dos, pero quise cargar de simbolismo esa entrada. Una vez llegamos al césped, acabado el largo pasillo de tinajas y donde ya estaban todos los asistentes a la ceremonia, me despedí de mis padres y recorrí el último tramo sola. Ese tramo donde ya veía los ojos de Nano, donde me enfrentaba con mi decisión. Quería hacerlo igual que la tomé, solos él y yo.

Mi hermano acompañó con su guitarra la entrada de ambos.

La ceremonia la oficiaron nuestros amigos y hermanos, encargándose y personalizando cada uno de los hitos. Entraron bailando a Bruno Mars, los artículos 166 al 168 nunca antes fueron tan irónicos y la despedida se realizó brindando un espumoso.

Tras nuestras promesas (parte de las cuales encabezan el vídeoclip)escritas en un pergamino tostado con café por Nano, nos intercambiamos unas preciosas pulseras realizadas por Patricia Ortiz. Son unas ramitas en tono plateado envejecido que fueron hechas utilizando ramitas reales como molde, ramitas que se enroscan uniendo nuestras muñecas.

Durante toda la ceremonia, mientras hablaban los oficiantes, sus voces se envolvían con temas instrumentales (la mayoría de chelo y violín) pinchados por Loventss.

Esperamos que os haya gustado su historia, dentro de muy poco sabréis el resto de detalles.

¡Gracias por leernos!

 

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